Sevilla , el duende y la fotografia

Son muchas las veces que voy de reportaje a Sevilla. En esta ocasión, fui a fotografiar la Cartuja, donde estaba la expo de Ai Weiwei. El impacto emocional de la obra fue brutal… pero porque algún torpe se cayó encima de una de las tinajas y ¡la rompió! Rodee el grupo de cerámicas con atención extrema. No podía dejar de torturarme pensando que algo así me sucediese. ¡Qué apuro! ¿Qué hizo el desafortunado mortal que propició el estropicio? ¿Qué cara puso? ¿Qué acertó a decir…qué balbuceó?

Bochorno fotografico

Cuando el fotógrafo provoca situaciones sonrojantes en su trabajo…


¿Y la persona vigilante encargada de la custodia? ¿La sacaron en ambulancia o ambos se diluyeron en el aire, incapaces de asumir tal apuro, tan inmenso bochorno…?

La vida a veces nos somete a pruebas inesperadas y, un aparente día de felicidad, de alegre turismo, se hace añicos como un jarrón que se rompe contra el suelo…

Mis siguientes días en Sevilla giraron en torno a esta pregunta…Apenas dormía tratando de adivinar su cara…Pero Sevilla, generosa, no iba a dejarme sin respuesta. Fue antes de mi partida cuando aún obsesionado, me dirigí a un taller ceramista de Triana. Allí estaba fotografiando a un artesano con menor proyección que Ai Weiwei pero, sin duda, con el mismo espíritu…Le acompañaban su hija y su mujer atendiendo el negocio…Mi estado de emoción iba creciendo, como me ocurre cuando fotografío…y de pronto, al girarme hacia atrás… ¡toco algo con la bolsa de fotógrafo que me cuelga de la espalda…!y un ruido a estropicio, a jarrones rotos, corta la feliz sesión. Sin atreverme a respirar apenas, descubro el enigma que me ha llevado allí.

La sensación de bochorno todo lo llena, la sesión se detiene, los pájaros dejan de cantar, la niña mira y su inocencia se rompe dividida entre el negocio familiar y la curiosidad por el simpático fotógrafo, ¡y todo es silencio! ¿Por qué Dios mío? ¿Por qué me pasa esto?

Pero la grandeza de una persona se ve en sus reacciones…Y no permito un instante para la duda… ¡No pasa nada! ¡Empaquétemelo que pago todo! ¡Soy de Bilbao! (Afortunadamente solo son dos baldosas con imán que suman 6 euros). Y ahora, recién desembaladas las dos piezas, he podido acercarme más a la respuesta que tanto me intrigaba… ¡Y por 6 euritos! ¡Eso sí, que rato más malo! Aunque nada comparado con el que rompió la tinaja de Ai Weiwei…

Y es que Dios aprieta pero no ahoga…

Y Sevilla, aparte de un color especial…sigue teniendo su duende…

P.D.: Todo esto viene a que he finalizado un súper-reportaje de Sevilla, con sus novedades, bares, tiendas chic, palacios desconocidos, itinerarios nuevos como los techos de la catedral…y aunque  las fotos se caractericen por llevar mucha gente, tengo también monumentos y lugares vacíos, para todos los gustos y con la misma belleza, color y alegría…(seña inherente de mi personalidad…)

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